Estreno

“La Vaca Azul”
dirigido por Adriana Lagomarsino y con la actuación de Gabriel Gossio.

20 de Abril a la hora 20
Espectáculo Unipersonal basado en la novela del mismo nombre del escritor uruguayo Ruben D’Alba.
Este espectáculo quiere contribuir con la labor de difusión de la obra de este escritor Ruben D’Alba, recientemente fallecido y a quien homenajeamos desde nuestra labor.

La adaptación de esta novela para teatro resulta un desafío, ya que en ella se mezclan la poesía con personajes como Nadie, Alguien, La Lluvia y otros; y la narración en la cual vemos al propio autor buscando como escribir su novela.
La puesta en escena es una historia sencilla llena de imágenes que hacen atractivo el devenir, integrando el teatro de actor con el teatro de objetos, máscaras y títeres.

Ruben D’Alba, escritor uruguayo que tuvo una fugaz y muy intensa carrera ha merecido el elogio de autores importantes de nuestra literatura como Lauro Marauda y Washington Benavides. Sobre su obra que incluye cuatro novelas y varios libros de cuentos y poesías estos y otros, resaltan la gran imaginación que lo llevan a innovar permanentemente en forma y estilo, al mismo tiempo que desarrolla con humor irreverente su espíritu analítico y crítico de la sociedad.

Estreno y funciones: en Pub La Vaca Azul – Maldonado 1855 esquina Frugoni.

Funciones: Sábados:  26 de Abril, 3 y 10 de Mayo 21 horas
Cubierto Artístico: $ 70

Por consultas y entrevistas:
Celular: 098733836

Adaptación del texto y actuación: Gabriel Gossio
Dirección y puesta en escena: Adriana Lagomarsino
Rubros Técnicos y Ambientación: Daniel Ramírez

Revista Paréntesis – Arte y Ciencia

Convoca a la presentación de material a investigadores, docentes, estudiantes y lectores en general, para el próximo número: Ensayo, poesía, cuento, crítica, investigación, pintura, fotografía, grabados.

Requisitos:
Máxima extensión de los textos: diez mil caracteres.
Imágenes: preferentemente en blanco y negro

Fecha de cierre: 27 de abril

Enviar los trabajos a: publicacionparentesis@gmail.com

Acerca de la Revista:
Publicación mensual / gratuita – circulación académica y universitaria
Paréntesis es una edición de Proyecto RAÍCES
(Grupo de Arte y Comunicación federado a IDES y con carta de membresía en ICAE).

“PARENTESIS contemplará muy oportunamente una necesidad que ya era una flagrante carencia en nuestro medio universitario“:

Estas palabras de Lisa Block de Behar, en oportunidad del saludo de bienvenida a nuestro emprendimiento editorial, constituyen un generoso estímulo para intentar cubrir ese vacío, o al menos para responsabilizarnos de hacerlo menos vertiginoso.

Parte medular del material publicado en PARÉNTESIS fue seleccionado en base a una convocatoria realizada en el ámbito académico y universitario para la presentación de trabajos de diversa índole: ensayos, investigaciones científicas, crítica, poesía, pintura. En este sentido, mensualmente se recibirá el material de investigadores, docentes y estudiantes que pretendan difundir su obra (aunque no es imprescindible para publicar la condición de egresado o universitario, sí lo es la calidad de los trabajos postulantes).

PARÉNTESIS deja constancia que los autores de cada texto son responsables de las opiniones vertidas y que lo publicado no genera obligaciones de ningún concepto (propiedad intelectual, derechos de autor o impedimentos contractuales para su publicación) con el grupo editor.

El número de Abril ya se encuentra en centros e instituciones académicas y universitarias de Montevideo.

TERTULIA 23

En tránsito: “Anécdotas de viaje”
por Roberto Fernández Ibáñez

Viernes 11 de abril. 19.30 hs. Sala CMDF (San José 1360)

Nace en Montevideo, en 1955. Sus inicios en Fotografía datan de 1985.
Realiza y edita libros de autor, que incluyen fotografía, haiku y prosa.
Se desempeña como docente, y dicta cursos relacionados con Fotografía y
Creatividad.
Poseen sus trabajos colecciones privadas en Brasil, Argentina, Italia,
U.S.A. y Uruguay.
Expuso en galerías, universidades y museos de Uruguay,
Argentina, Brasil, Estados Unidos, el Caribe, España y Holanda, en
eventos tales como FotoFest ’92 Houston, USA, y Festival de la Luz,
Buenos Aires, Argentina, siendo Primer Premio Descubrimientos 2004.
En 2007 fue uno de los nueve fotógrafos seleccionados a nivel mundial para
exponer en FotoFest International Discoveries, Houston, USA.
Su obra está en la colección permanente del Museum of Fine Arts of Houston.

Las Tertulias Fotográficas son ámbitos de discusión colectiva coordinadas
por el CMDF y la Asociación de Amigos del CMDF.
Una vez por mes se
invitará a uno o más expositores a presentar un tema que será motivo de
posterior debate con los participantes. El objetivo es promover la
investigación, discusión y difusión de la fotografía. El ciclo se
extiende todo el año. El acceso es libre y gratuito.

Curso de escenografía teatral

Curso de escenografía teatral y montaje de exposiciones en el Museo Nacional de Artes Visuales
Los días martes del mes de abril a las 19:00 horas.

El curso se estructura en cinco módulos con una duración de dos horas cada uno a cargo del Arq. Alejandro Curzio. Está dirigido a escenógrafos, arquitectos y diseñadores.

Actividad sin costo. Cupos limitados.

Los interesados deberán enviar un breve currículum antes del lunes 31 de marzo a: educativaMNAV@gmail.com

Programa

Clase 1

Martes 1 de abril, 19:00 hs.
Escenografía arte plástico y visual
Escenografía y público como sistema
Escala de apreciación del hecho escénico
Definiciones de la dirección. Espacio y Tiempo – Imago reales.
Esquematización de cada escena, presencia del escenógrafo.
Esquema total, grafismo de la escena.

Clase 2

Martes 8 de abril, 19:00 hs
Texto y su expresión espacial, temporal ACCIONES
La propuesta del escenógrafo y su planteo estructural.
La matriz estética de la obra, ambientación, instalación, escenografía.

Clase 3

Martes 15 de abril, 19:00 hs
La energía de los materiales y su trabajo existencial.
La luz
El vestuario
Conjunción final.

Clase/Taller 4

Martes 22 de abril, 19:00 hs
Montaje como presentación de la exposición, orientar al público.
Grupos o su – grupos de obras, su ordenamiento por tramaño, color o texturas, etc.
Espacio de cada obra.
Totalidad del conjunto y primer enfoque.

Clase 5

Martes 29 de abril, 19:00 hs.
Resumen final, observaciones, propuestas

MUSEO NACIONAL DE ARTES VISUALES
Tomás Giribaldi y Julio Herrera y Reissig
Parque Rodó – Montevideo
www.mnav.gub.uy

Augusto Preliasco y Jose Luis Feo

Nuestras obras son una mixtura de trazos basados en una reconstrucción de un lugar, digamos una foto a mano alzada, la cual luego se digitaliza y comenzamos a jugar en la PC, dándole colores, formas nuevas, contrastes y brillos acorde a nuestro diseño, formando así algo muy diferente al original realizado a mano, la idea de nuestro trabajo ”Trazos y Trozos” se basa en reconstruir lugares típicos en la ciudad de Montevideo, tratando de mostrarlos de una forma diferente y moderna.

Por consultas: preliasco@gmail.com

Pedro Figari

Nace en Montevideo el 29 de julio de 1861. Su inclinación artística se manifiesta tempranamente combinándose con múltiples actividades. Es abogado desde 1886, nombrado Defensor de Pobres en lo Civil y Criminal, periodista y codirector de un periódico, impulsor de la creación de la Escuela de Bellas Artes, diputado, miembro del Consejo de Estado, elegido presidente del Ateneo de Montevideo, director de la Escuela Nacional de Artes y Oficios, miembro honorario de la Sociedad de Artistas Uruguayos, Asesor Letrado de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay. Entre estas múltiples actividades se destaca su creación de ensayos filosóficos, crítica artística y poesía. Participa en numerosas tertulias junto a artistas como Sáez y Blanes Viale.

En 1921 y por cuatro años consecutivos, se radica en Buenos Aires dedicándose plenamente a la tarea pictórica y recibiendo del medio una crítica elogiosa. En 1925 se traslada a París donde permanece nueve años y obtiene la consagración como artista plástico. Desde allí proyecta y organiza exposiciones en Europa y América. Regresa al Uruguay en 1933 y es nombrado Asesor Artístico del Ministerio de Instrucción Pública.

Pedro Figari es un pintor de manchas y no de líneas. Pinta el pasado sin documentarse, lo hace de memoria; con una memoria afectiva. Puebla sus espacios inconmensurables con gauchos, negros y criollos como metáforas de un presunto ser nacional.  Aislada está su obra como la de ningún otro artista nacional precisamente porque fue convencidamente uruguayo, por haber desarrollado su alto intelecto en exploraciones de una cultura rioplatense, un caso de rara cultura por el esencial dominio de los ingredientes más propios y la sabiduría que emana de su expresión que corre como linfa sin esfuerzos.

La vida de este pintor como la de todo creador genuino, tiene sus características singularísimas. Entre las de Figari se destaca su radical cambio de ubicación social y oficial, que constituye una excepción en la existencia de sus notorios compatriotas.
Califica Ortega y Gasset al intelectual de hombre “preocupado”, para el pensador español el político es el hombre “ocupado”.
Figari desempeñó las dos actividades, pero puede decirse, si nos atenemos a la más objetiva apreciacion de su quehacer, que ha invertido los períodos tal como la lógica establece y la vida ciudadana los suele ordenar.

Harto frecuente es el hombre inquieto de ideales o simplemente de nombradía, en busca de vocación, comience por escarcear en las letras o en labores artísticas para luego abandonarlas por la prédica partidaria del político. La verdad es que el hombre opina con más facilidad cuando se encuentra requerido y movido por las eventualidades de los sucesos públicos; más difícil y de mayor esfuerzo mental es la labor del artista sumido siempre en la investigación de nuevas formas, únicamente incitado por sí mismo. Figari describió la trayectoria opuesta.

Hombre evidentemente social, gozó en su juventud de la simpatía de los triunfos. Primero fue profesional universitario, sobresaliente en el derecho penal como defensor de inculpados en causas célebres de su tiempo; letrado del Banco República; funcionario en el alto cargo de Inspector de Escuela de Artes y Oficios del país, donde por sus directivas quiso ensayar el estudio del desarrollo decorativo de los elementos de la fauna y flora nativas; político que ocupara la banca de representante nacional. Toda esa actividad social que cumplió tan destacadamente, llegando hasta abarcar la diplomacia, fue vivida por Pedro Figari con un parejo interés por las actividades intelectuales del puro y gratuito ejercicio.

Fue ensayista de la belleza en su libro Arte, Estética, Ideal publicado en 1912, testimonio de la inquietud de sus problemas creativos mas generales. Autor de razonamientos sobre belleza o manifestándose sensiblemente como los poemas “El arquitecto” (1930), su pensamiento fijado en palabras forma una notable unidad con su plástica, ya que sus libros pueden ser leídos en su pintura. Los escenarios de largos horizontes en los que los seres se integran en el paisaje señalan el credo panteísta como el mensaje último de un artista filósofo.

Comprendiendo como pocos en que grado las artes representan la sabiduría del pensamiento humano, supo compendiar todas sus ideas fragmentadas en actividades múltiples en la unidad visual del cuadro pintado. En su ecuación personal, la pintura iguala la suma de numerosas experiencias en el trabajo constante y variado de persona culta. Confiarse así como lo cumplió, con entrega total a las artes, tan llenas de incertidumbre, tan difíciles para los juicios definitivos, tan proclives al descontento íntimo de quienes las ejercen; darse enteramente a soltar sus preocupaciones después de haber realizado un acto heroico.

Porque este inteligente personaje que conformaba muchos adeptos a su derredor sabía que por ese tránsito se ubicaba en cierto modo frente a esa sociedad en el lugar incómodo del inconformista. Al iniciar decididamente su entrega a la pintura, la conciencia debió serle clara sobre el destino futuro, pues no podía ignorar su inmersión voluntaria en el descrédito ante los círculos y mundo oficial en que actuaba, el abandono total de los halagos fugaces y de la suspensión en su país por un largo lapso de su condición popular de prohombre, todo lo cual sucedió.
Por otra parte, hasta el momento de su decisión hacia la pintura, los círculos artísticos a los cuales iría a integrar no le estimaban más que como aficionado, como persona destacada, brillante que amaba la pintura.

En consecuencia, era un aficionado, un “amateur” distinguido. En general el artista plástico profesional es condescendiente con el hombre ilustrado; mas aún con el universitario que le muestra sus obras. Tiene para él palabras de estímulo, le concede fácil halago y ha de reparar en menos defectos que el crítico, pero siempre y cuando no pretenda salir de esa categoría del pintar como entretenimiento.
En una correspondencia del año 1919 enviada al pintor José Cúneo para felicitarlo por unos recientes cuadros expuestos, Figari se coloca en una situación de “diletante”.

Comprensivo admirador de otros pintores, declarándose en categoría neófita no reciben sus pinturas combativas negaciones, como tampoco se divulgan sus méritos. El estigma del aficionado le acompañó en la consideración ajena mas de lo debido; su título universitario molestaba la estimación profesional de su pintura. Se llamó repetidamente ingenuo a el! el mas docto y culto de la pintura rioplatense, el artista que trabajo sobre una organizada visión intelectual -por comprensiva- de su medio, a la vez que altamente artística.

Cuando Figari estructuró toda la creación de su arte tras larga meditación y paciente recato, fue a Buenos Aires a producir. Allí vivió cuatro años pintando sin reposo. Del ejercicio salió su incomparable estilo, porque en la pintura también la mano piensa. Figari desde Montevideo parte con su vocación ya marcada y al instalarse primero en Buenos Aires (1921-1925) y luego en Paris (1925-1933) mas que buscar el sustento de ideas procura aspirar al aire inteligente de la comprensión. Creación y producción. Figari separó perfectamente estos dos tiempos de la obra de los artistas, que establecen distinciones definitivas y que en el presente tienen a confundir por el apresurado deseo de uniformidad de expresiones, considerada como conquista del artista moderno. Todo horizonte que presenta un pintor señero es recorrido inmediatamente por multitud de colegas de todos los países sin conciencia de temores.

Es verdad que el tiempo universal del arte moderno permite que hoy se mire a esos soles de frente no bien amanecen, como es cierto que en otros momentos anteriores se contentaban los pintores colectivistas con dibujar las espaldas de los astros en declinación. En una rápida actitud para la liberación de dudas y eliminación de las angustias y tedio de las esperas por las nuevas expresiones del devenir, se consume con apresuramiento en una hora de entusiasmo lo que debería ser producto de más larga convicción. Apenas capacitados para la identidad en la apariencia creativa – desde luego inédita, brusca, llamativa, poderosamente diferenciada como ocurre con los cambios evolutivos en las artes actuales – con urgencia que sobrepasa todos los asombros, el artista produce. Su adhesión es tan total que es imposible detenerlo en sus ansias.

El igualismo expositor que hoy vemos en las exhibiciones personales y aún colectivas, estuvo en épocas transcurridas en el producir del pintor mercader sin sabia ni ingenio y es hoy algo curioso, y a nuestra manera de ver bastante lamentable que se constituye en práctica de artistas inquietos, algunos ciertamente valiosos.
Conciente de sus posibilidades formativas de expresión, le será así permitido al artista una producción sin límites que participara toda ella de la comunicación auténtica, sin caer en la repetición o plagio de sí mismo. Si la creación requiere una concentración y aislamiento del artista, la producción se condiciona y facilita por una incitación externa o, mejor aún, por la toma de conciencia de que existe un interés de verdadera comprensión por lo que expresa.

Figari en tren de divulgarse, de apoyar el factor extensivo de su mensaje, de ejecutar las necesarias aplicaciones de sus descubrimientos, de abrir la riqueza de sus variantes, se dirige a Buenos Aires y allí se instala.
Va en búsqueda de un ámbito propicio que le permita producir, sin rebajar la condición de libertad en el arte. Es difícil que una expresión inédita como la suya, especialmente si es cosmópolis importante, ciudad acústica, se sabrá comprobar sus resultados expresivos como autónomos y también advertir la verdad de la forma nueva, sin que le perjudique el achaque de extravagancia con que puede juzgarlo la opinión de su comarca. Querer encontrar en ese mismo ámbito un apoyo para seguir expresándose, pronto hubiera sido caer en un conformismo y resignación de sus mas bellas condiciones de creador…

Arte Latinoamericano

Durante varias décadas se discutió acerca de la existencia de un arte propio de Latinoamérica, con una identidad concreta, como la que se atribuye al “arte europeo” o al “arte americano” (referido a los EEUU).
Latinoamérica no se define por una sola imagen. Desde México a la Argentina, durante las primeras décadas del siglo XX, cuando ya existía una situación histórica que nos desvinculaba políticamente del continente europeo, también nos encontramos frente a un hito que marcaría el desarrollo de una de las vanguardias más importantes de América Latina: la revolución mexicana.

Durante la década del 20 aparecen dos grandes corrientes. En México, nacen los “muralistas”, cuyos mayores exponentes son José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Siqueiros y en el Río de la Plata, tres artistas exponen (entre 1924 y 1925) sus obras con críticas encontradas: Pedro Figari, Emilio Pettoruti y Xul Solar.
En el transcurso de las décadas del 20, 30 y 40 madura en América Latina una extraordinaria gama de artistas y movimientos que la ubica entre las vanguardias del mundo. Incluso la influencia de algunos latinoamericanos se hace sentir en el arte de vanguardia europeo y americano.

No se puede dudar entonces de la existencia de un lenguaje propio, de una imagen particular. Sin embargo, es necesario tener presente que ésta no es única ya que, si se toma como ejemplo a los artistas que significaron hitos en la historia del arte, se confirma su disparidad de propuestas estéticas.
Así, el uruguayo Pedro Figari con su “Lamento” (sin fecha) apela a un recurso técnico, el de sus trabajos al óleo sobre cartón, para devolvernos con generosidad los recuerdos de una tierra que combina lo colonial con el paisaje y sus personajes pintorescos.

El argentino Emilio Pettoruti -en las antípodas de lo pintoresco o lo folklórico- con su obra “Mi arlequín” (1927) define, después de sus años de formación europea, lo que sería su lenguaje particular donde el cubismo y el futurismo conforman los rasgos más notables.
Wilfredo Lam, el artista cubano que desarrollaría una carrera importante también en Europa, marca desde el surrealismo un acontecimiento importante. Sus protagonistas siempre están vinculados a los mitos e historias caribeñas, donde el encuentro de la cultura europea y la africana brindó a este artista su principal fuente de inspiración.

Rufino Tamayo, el mexicano que no pertenece al grupo de los muralistas, se destacó por sus exquisitos óleos, cuyos temas simples cautivaron siempre a los amantes de la buena pintura. Su obra más representativa es del año 1951 y se titula “Melones”.
Por último, bastan dos obras del brasileño Cándido Portinari -”Os retirantes” (1954) y “El gran árbol” (1959)- para confirmar los cambios que muchas veces nuestros artistas evidenciaron en sus trayectorias.

El arte latinoamericano tiene su historia, su desarrollo y sus protagonistas. Abordar su estudio es apasionante, ya que el recorrido país por país enriquece la visión y la comprensión de un continente fértil en expresiones culturales. Su riqueza no sólo pasa por una cantidad de buenas obras, sino por el descubrimiento de un universo complejo donde se unen los aportes de diferentes culturas: la aborigen, la europea y la africana.