Vincent Van Gogh

Van Gogh fue una persona muy difícil con respecto a relacionarse con sus pares y también en la parte económica, y en los vínculos amorosos fue un fracasado. Es de ahí que el entendía el arte como una vía de modificar a la sociedad y también como un vehículo de salvación personal. Para el artista la vida le resulta frustrante.
Comienza a pintar en el año 1879, rellenando álbumes copiados del natural. Sobretodo cultivó los temas populares. Tuvo como claro referente a Rembrandt. Por ese tiempo pone de manifiesto la vida cotidiana de los desprotegidos, donde sabe acercarse con dignidad a una situación de abandono social. Sus colores son oscuros, con entornos poco iluminados, con tensiones de luces y sombras.

Su punto de partida es con Daumier, Mollet, Courbet entre otros, pintores franceses realistas.
Durante su viaje a París en el 1886, se siente atraído por el Impresionismo, pero a la vez este descubrimiento, decepciona al artista, porque se da cuenta que su obra no tiene vigencia. Pero es el Impresionismo un estímulo para su cambio, su paleta es más luminosa, se decanta por el retrato y los paisajes naturales. Usa colores puros, con pinceladas con pequeños toques.
Conoce a Bernard y a Lautrec en el Taller de Cormont, donde se inscribe.

Luego se trasladó a Arlés animado por Lautrec, esto era por el año 1888. Aquí haya el equilibrio que tanto buscaba, y conoce a Gauguin. En esta época pintó obras muy conocidas.
Gauguin lo invita a pasar las navidades en su casa y pronto surgieron fricciones y desacuerdos. Luego viene su gran crisis. Van Gogh, cansado de las impertinencias de Gauguin trata de agredirlo con una navaja, y es ahí que se arremete a si mismo, mutilándose su oreja. Es internado en un manicomio de Saint Remy, donde permaneció un año. Jamás dejó de pintar, en este período sus obras denotan sus tensiones y desequilibrios. Pinceladas crispadas y nerviosas, descargan sus nervios.

También por esta época copia a los grandes maestros y a pesar de estar recluido es aquí donde realiza unas de sus obras más importantes.
Luego del manicomio, se trasladó a Auvers, en la casa de un amigo de su hermano.
Aquí pasó sus últimos días, viviendo muy abrumado de su depresión, y soledad. El 29 de julio de 1890 muere, tras pasar dos días agonizando, tras pegarse un tiro.

Pierre Auguste Renoir

Pierre Auguste Renoir, maestro del impresionismo, nació en Limoges-Francia en 1841. Comenzó a pintar a la edad de 14 años, cuando fue aprendiz en una fábrica de porcelana. En 1862 ingresó a la Escuela de Bellas Artes en París, donde conoció a los impresionistas, Monet, Pizarro y Degas entre otros.  Para poder sobrevivir realizaba retratos.
Se casó con Aline Charigot con la cual tuvo tres hijos.
Inicialmente el grupo de los impresionistas estaba ridicularisado, solo obtienen prestigio después de hacer sus propias exposiciones, a partir del año 1874. En la época Renoir, exploró de modo brillante los colores y  los efectos de luz, como se puede ver en el Baile del Moulin de la Galette, obra realizada en el 1876.

El artista abandonaría las pinceladas cortas del impresionismo después de 1881, cuando adopta un estilo más tradicional.
Huyendo del frío que agravaba su artritis, construyó una casa en el sudoeste de Francia. Al final de su vida, sufriendo con su enfermedad, amarraba el pincel en su mano para poder pintar. Así creó Las Bañistas, terminado poco antes de su muerte. Ya en los últimos años de su vida fue visitado por dos jóvenes creadores, Matisse y Modigliani, que veían en el anciano pintor un fuerte estímulo para continuar con sus trabajos.
Renoir, falleció con 78 años.

Renoir en una oportunidad contestaba:
Hoy día se quiere explicar todo. Pero si se pudiera explicar un cuadro, no sería una obra de arte. ¿Debo decirle a usted qué cualidades constituyen a mi juicio el verdadero arte? Debe ser indescriptible e inimitable… La obra de arte debe cautivar al observador, envolverle, arrastrarle. En ella comunica el artista su pasión; es la corriente que emite y por la que incluye el observador en ella”. “Yo pongo ante mí el objeto tal y como yo lo quiero. Entonces empiezo y pinto como un niño. Me gustaría que un rojo sonara como el tañido de una campana. Si no lo consigo la primera vez, tomo más rojo y otros colores, hasta que lo tengo. No soy más listo. No tengo más reglas ni métodos. Cualquiera puede probar el material que uso o verme mientras pinto: se dará cuenta de que no tengo secretos”.

Cecilio Pla

Cecilio Pla nació en Valencia en 1859 y murió en Madrid en 1934, siendo uno de los mejores representantes de la escuela valenciana. En los años del tránsito del siglo XIX al XX esta escuela, que se encontraba en un momento de gran fecundidad, estaba incomunicada de todo movimiento cultural progresista, de ahí que los autores valencianos miraran hacia su propia tierra y pintaran lo que les rodeaba.

La obra de este pintor se caracteriza por un gran diversidad tanto en temas como en ámbitos de expresión que justifican su trascendencia y su permanencia en la Historia del Arte como maestro de una época. Utilizó par pintar todo tipo de soportes, (papel, cartulina, cartón, lienzo), de técnicas (óleo, gouache, acuarela, carboncillo, lápiz) y de temas (retratos femeninos, masculinos e infantiles, escenas costumbristas o populares, paisajes urbanos y rurales, interiores con luz natural y artificial y escenas en la playa).

Vivió y creó en dos siglos diferentes, influido por untado, por la luz mediterránea y por otro, por lo cotidiano de la época, el ambiente, su gente, esa nueva burguesía de principios de siglo.
Aparte del amor por la pintura, Cecilio Pla, también impartió clases tanto con alumnos particulares como en la escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde a la muerte de Emilio Sala ocupó la cátedra de Estética y Color y Procedimientos Pictóricos, que ejercería hasta su jubilación en 1931. Su dedicación a la docencia es tan importante que la cuantía de su producción pictórica, en los años que marcan la plenitud de su madurez, queda espectacularmente reducida.

El artista valenciano creó una tendencia en la pintura que ha sido seguida por un buen número de autores hasta mediados del siglo XX. Fue autor de una Cartilla de arte pictórico (1914), Catedrático de la Escuela de bellas Artes de San Fernando, y maestro de grandes artistas de diferentes estilos, como Losé López Mezquita, Pancho Cossio, Juan Gris, Gabriel Morcillo…..
Todo en sus obras se ve envuelto por el detalle, que se pierde en cierto modo cuando se traslada a grandes formatos, dentro de un atmósfera donde el silencio es envolvente tanto si los personajes están en frente o en pequeños grupos, vueltos de espaldas.

Es fundamental resaltar su faceta de ilustrador gráfico. Colaborando con varias revistas. Su etapa más fecunda como ilustrador, desde 1893 hasta el 11910, coincide con los años en que se consolida como pintor y la evolución de la técnica empleada en la ilustración es paralela a la que se produce en su obra de caballete, en la que parte del realismo para llegar al naturalismo. Utiliza una línea de dibujo muy precisa, aunque en los últimos años se aprecia la evolución del autor hacia trazos menos definidos y rasgos más amplios y desdibujados.

La evolución de la línea, del color y de la luz son paralelas a la de los temas. En un primer momento, el carboncillo define las obras, para dar paso al color mediante el gouache, componiendo las estampas tan vivas que caracterizan el conjunto de su obra.

Pepa Mach

Al ver por primera vez la obra de Pepa Mach parece que se haya convivido con ella durante largo tiempo, que se trate de un reencuentro tras la ausencia y se siente la necesidad de recuperar sus cuadros para aquella pared que los esperaba. De sosegada transparencia a pesar de sus colores vivos y llamativos, su obra transporta a un oasis de placidez y sosiego, de recuerdos y sueños.

Imágenes que evocan situaciones cotidianas en un estilo muy personal para el que Pepa Mach utiliza la pintura acrílica sobre tela y que sorprenden por su cotidianidad, por la sensación de haber sido arrancadas de escenas vividas y por su descarada vocación de ser pinturas para compartir. En este sentido, la autora cuenta que sus propuestas no tienen inclinaciones misóginas, solitarias, que nacen con la vocación de ser vistas y de verse envueltas por la propia vida que transmiten.

Buena conocedora del lenguaje de los materiales y de la plasticidad de las imágenes, proviene del ámbito del diseño gráfico, Pepa Mach incorpora diversas técnicas en una misma obra. Partiendo del collage utiliza técnicas cubistas, figurativistas, conceptuales o impresionistas para transmitir una emoción. Trozos de papel o de tela, imágenes de ángeles bucólicos e infantiles, retales de manteles de papel, objetos diversos, en definitiva, le sirven de pretexto para contar una historia, usando el marco como viñeta para un guión en que cada cual debe componer el final.

Alrededor del motivo central los colores son vivos y fuertes y los trazos como ondas de un mar en verano, con límites claros e inconfundibles que multiplican la fuerza de cada pincelada. El formato de sus obras es asequible, lejano de exageradas grandilocuencias y coherente con el concepto global de cada uno de os cuadros.
En definitiva, Pepa Mach nos invita a recuperar imágenes y objetos que forman parte de una historia concreta, de un sentimiento, y rodearlos de luz para que recobren su propia energía.