AUGUSTE RODIN III
Entre otras obras citamos las más caras que sirven de clave de la bóveda en las arcadas de la fuente monumental instalada en los jardines del parque del castillo de Sceaux, que reemplazan a algunas obras perdidas de Coysevox. Por encargo de un ebanista, Rodin talla en madera dos amorcillos destinados a adornar los pies de una cama, y dos pequeñas Cariátides para un cofre. La ciudad de París le encarga una estatua de D’Alembert para un nicho externo en el Palacio Municipal. Participa en un concurso organizado para los modelos relacionados con un monumento conmemorativo de la defensa de París en 1870, destinado al “Rondó de la defensa” de Courbevois. Su modelo, animado por un soplo épico, no es aceptado por la comisión. Llamado a las armas era el título de esa obra que posteriormente se convirtió en El genio de la guerra. Representa una figura al lado en la que se apoya un héroe herido y recuerda a La Marsellesa del departamento de los voluntarios, el alto relieve del Arco del Triunfo de París, situado en la Plaza de la Estrella.*, la obra maestra de Rude. Realiza trabajos en Niza (dos Caríatides para la villa Neptuno) y en Estrasburgo. A este período corresponden algunos retratos femeninos, cuya gracia afectada trae reminiscencias de su primera manera. Además de éstos, Rodin realiza trabajos para la Manufactura de Sévres, cuyo director desde 1875 era Carrier Belleuse. A pesar de que habían tenido desinteligencias pasajeras, el director conservaba el mejor recuerdo de su antiguo colaborador, y lo toma a partir de junio de 1879. Rodin inaugura su temporada de trabajo con dos series de objetos de mesa con escenas de caza diseñadas por Carrier Belleuse, y prepara modelos para platos y jarros de formas diversas. Estudia y perfecciona un recurso que le permite dar un ligero relieve a los objetos. Este método después es adoptado también en los dibujos realizados entre 1879 y 1885: los trazos son suaves, a la pluma, y el juego de luces y sombras, que crea el efecto de relieve, es un sombreado a la aguada. Su labor de ceramista cesa en 1882. Dos años antes Rodin había recibido el encargo de La puerta del Infierno, la obra que sería el tormento de su vida.
En ese entonces estaba en estudio un proyecto para la construcción de un museo de arte decorativo a orillas del Sena y frente al Jardín de las Tullerías. Preveían una puerta monumental que, gracias a la intervención de sus amigos, “M. Rodin, artista y escultor, es encargado de realizar, por la suma de 8.000 francos, el modelo de una puerta decorada con bajos relieves que representen la Divina Comedia de Dante”.
Muchos dibujos atestiguan cuáles eran las intenciones del escultor. Rodin recuerda las puertas del Baptisterio de Florencia, y especialmente la del “Paraíso” de Ghiberti, de la que cuenta con fotografías de conjunto y de detalles. Entonces estudia una subdivisión en cuatro paneles para cada parte de la puerta, uno sobre otro pero separados por medio de un angosto friso con motivos de follaje. Acumula dibujos para este bajo relieve, en su mayoría dibujos a la tinta, indicando la musculatura por medio de trazos hechos ejerciendo presión, mientras que en otros dibujos utiliza para el sombreado la técnica de la aguada sobre un fondo de acuarela y de sepia. A veces alguna anotación detalla todavía más el tema. El carácter trágico de estos dibujos prueba que el escultor se inspiró en la divina Comedia sobre todo en el “Infierno”.
Surgida de su primera inspiración, la regular composición en paneles pronto es reemplazada por una concepción totalmente distinta. Rodin rechaza la discontinuidad de las escenas disponiéndolas sobre un fondo sin marco, tal como Miguel Angel ordena en la Sixtina las escenas del juicio Final. Al adoptar esta técnica el escultor obtiene mayor efecto dramático, creando un espacio tridimensional. Las figuras y los grupos surgen sobre un fondo caótico, a la vez que son sumergidos en la masa. En este cúmulo de formas el artista introduce todas las variantes que improvisa a impulsos de un entusiasmo y de una vehemencia tormentosa. A la evocación romántica del universo dantesco Rodin une el grito baudelaireano de Las flores del mal.
















































