Galería Nacional de Washington
En ningún país como en los Estados Unidos es posible contemplar hoy la vigencia de las peculiares relaciones que a lo largo de la historia, han ligado la riqueza y el arte. No es cierto, como quiere cierta mitología romántica, que los grandes genios de la pintura del arte hayan vivido pobres y muerto en la miseria. La lista de los maestros consagrados en vida, y enriquecidos por unos protectores empeñados en casar su fortuna con un arte que adivinaban ya imperecedero, es amplia. Pero lo es tanto o más la de aquellos para quienes el magisterio espiritual, e incluso el éxito artístico, apenas tuvo compensación adecuada. La riqueza parece haber sido siempre más amiga de la obra que del artista. El reconocimiento de un status profesional adecuado es una de las principales reivindicaciones de todos los artistas a partir del primer renacimiento.
El verdadero mecenazgo, en la mayoría de los casos, no es otra cosa sino brillante coleccionismo. Cuando este coleccionismo era obra de verdaderos conocedores como los Medici, como Felipe ll, o como Carlos l de Inglaterra, se creaban las bases de los futuros grandes museos del mundo. En los Estados Unidos, fabulosas colecciones de pintura tienen su origen en fortunas no menos fabulosas. No conocemos una historia del coleccionismo artístico en los Estados Unidos, iniciado sin duda a finales del siglo XlX. Menos aún tenemos conocimiento de cualquier interpretación profunda de un fenómeno que, en la práctica, ha significado el trasvase hacia el otro lado del Atlántico de incontables obras maestras del arte de todos los tiempos y de todo el mundo.
Con el mismo pragmatismo tenaz que pusieron en añadir factorías y mercados a sus imperios, los grandes magnates norteamericanos han acumulado colecciones que destacan por su especialización a ultranza: la pintura de un país de una época, las artes decorativas, el retrato, las estampas. ¿Simple mimetismo de lo que, en menos escala, hacían por la misma época los grandes burgueses de Inglaterra, de Europa?¿Reflejo de un cierto mesianismo, tan norteamericano, que justificará un cierto derecho a custodiar los tesoros de un mundo dominado por mandato divino? No cabe descartar factores más concretos: una legislación fiscal que premia estos afanes con exenciones de impuestos; una carrera de prestigio entre multimillonarios; la magnitud misma de una riqueza que parecía poder comprarlo todo en este mundo; y también, en ciertos caso, la afición verdadera, y el verdadero conocimiento.
La creación de la National Gallery
La Galería Nacional de Arte fue creada en 1937 por una resolución del Congreso, en la que se aceptaba en nombre del pueblo de los Estados Unidos, el legado del financiero, coleccionista de arte y funcionario público Andrew W. Mellon. La donación incluía pinturas y esculturas de grandes maestro y provisión de fondos para construir en el Mall o explanada nacional, un edificio para albergar al nuevo museo.El presidente Franklin Roosevelt inauguró el 17 de Marzo de 1941 , el nuevo edificio y las colecciones de arte.
Este grandioso edificio ahora llamado edificio Oeste, diseñado por John Russell Pope y que abrió sus puertas al público al día siguiente, constituyó, entonces, el edificio de mármol más grande del mundo. Andrew Mellon confiaba que la recién creada Galería Nacional atrajera donaciones de similar alta calidad de otros coleccionistas, lo que ocurrió muy pronto. La Galería se vio, así, enriquecida connuevas colecciones de arte europeo y americano aportadas por donantes privados. Entre ellas e cuentan, los importantes legados de los fundadores Samuel H Kress, Russ H. Kress , Joseph Widener,Chester Dale, Alisa Mellon Bruce.







