PABLO PICASSO

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El creador del cubismo, nace en la ciudad de Málaga en el año 1881, un genio de la pintura contemporánea Pablo Ruiz Picasso. Un gran creador. Su padre fue profesor de dibujo. En su infancia la familia de Picasso se traslada a la Coruña y luego a Barcelona, y es en esta última ciudad donde de joven inicia sus estudios académicos, conoce gente de arte moderno que le hacen cambiar su forma de expresión. En el año 1900 viaja a Francia a su capital París, que era el sueño de Pablo Picasso, era su meta, pasa un pequeño tiempo.

Luego regresa a Barcelona y comienza a trabajar en sus pinturas, en donde se observa la influencia de todos los artistas que ha conocido. Está buscando un estilo propio, personal. Durante los años 1901 y 1907 se desarrolla la etapa azul y rosa, estas son caracterizadas por la temática de figuras aisladas, sórdidas, de pena y sufrimiento.

Al ver que el siglo XX está influenciado por los cambios, se interesa por la obra de Cezanne y de ahí, junto con su amigo Brague, nace el cubismo. En 1912 comienza a practicar con el collage en la pintura, y es en ese preciso momento que su imaginación y creatividad se adueña de él. Pablo Picasso es un revolucionario del arte.

Cuando los artistas se empiezan a intentar con el cubismo, el se interesa por el clasicismo. Así pasará un tiempo alternando de una a otra. En 1925 el surrealismo, le sirve de ruptura con lo anterior, e introduce en su obra figuras distorsionadas. A Picasso la situación personal y social le influye mucho, al momento de canalizar su arte. Era un hombre que de la manera en que se dedicaba a crear, era para su vida personal con las mujeres, tenía relaciones tumultuosas.

Lo afectó mucho la Guerrra Civil Española y el bombardeo a Guernica, eso provoca la obra más famosa, en la cual critica la guerra y sin razón que lleva un enfrentamiento armado como es la guerra. Sus útimos años vivió en el sur de Francia, a pesar que Paris era su refugio. En este perí¬odo su estilo era más personal, más colorido y de formas extrañas. Demostró su creatividad hasta sus últimos días. Fallece en Mougins en el año 1973.




LEONARDO DA VINCI

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Leonardo Da Vinci, nació en la Villa Toscana de Vinci, en el año 1452. Su padre fue un rico notario florentino, pero no se casó con su madre que era una campesina, fue hijo natural. Vivió en una época muy violenta, en la cual, el esplendor de las cortes no tenía límites. Leonardo desde siempre fue muy curioso, y a su temprana edad comenzó dibujando animales mitológicos, inspirado de la observación del mundo natural donde creció. A la edad de catorce años, su padre, consciente del talento, lo ingresó en el taller de Andrea del Verrocchio, en el cual aprendió pintura, escultura, técnicas y mecánica de la creación artística, durante seis años.

Al lado del este taller, se encontraba el taller de  Antonio Pollaiuollo, donde comienza sus primeros estudios de anatomía, y también aprendió latín y griego.
No tarda en superar a su maestro, con su gran creatividad y su maestría con sus pinceladas. Comienza con una novedosa técnica recién llegada de los Países Bajos, la pintura al óleo, otorgando la maestría de los contrastes de rasgos y el extraordinario manejo de la técnica de los claroscuro.
Florencia se había convertido en el gran centro comercial de Italia, pero al ver que solo recibía alabanzas por sus virtudes, decide buscar un nuevo horizonte.

Por el 1482 se va a Milán donde se presenta a Ludovico Sforza, un hombre con gran influencia en su ciudad, aquí se quedaría diecisiete años como pintor e ingeniero. Sus proyectos abarcaron la hidráulica, la mecánica, la arquitectura,  la pintura y la escultura. Fue un período  de mucho desarrollo para Leonardo. Proyectó espaciosas villas, planos para canalizaciones de ríos, porque el pensaba que el hacinamiento y la suciedad de la ciudad era lo que había provocado la dramática peste que asoló Milán.

Da Vinci ha sido reconocido como el creador de la moderna ilustración científica. Aunque Leonardo no parece que se preocupara demasiado por formar su propia escuela, en su taller milanés se creó poco a poco un grupo de fieles aprendices y alumnos: Giovanni Boltraffio, Ambrogio de Predis, Andrea Solari, su inseparable Salai, entre otros; los estudiosos no se han puesto de acuerdo aún acerca de la exacta atribución de algunas obras de este período, tales como la Madona Litta o el retrato de Lucrezia Crivelli.

Contratado en 1483 por la hermandad de la Inmaculada Concepción para realizar una pintura para la iglesia de San Francisco, Leonardo emprendió la realización de lo que sería la celebérrima Virgen de las Rocas, cuyo resultado final, en dos versiones, no estaría listo a los ocho meses que marcaba el contrato, sino veinte años más tarde. La estructura triangular de la composición, la gracia de las figuras, el brillante uso del famoso sfumato para realzar el sentido visionario de la escena, convierten a ambas obras en una nueva revolución estética para sus contemporáneos.

Leonardo en 1498, finaliza una pintura mural, que en principio había sido un encargo, para un convento dominico, pero la cual se convirtió en su consagración pictórica, “La Última cena”.  El mural se convirtió no sólo en un celebrado icono cristiano, sino también en un objeto de peregrinación para artistas de todo el continente.
Ludovico el Moro pierde el poder, en el año 1499, cuando los franceses ingresan en Milán. Leonardo decide abandonar la ciudad junto con Pacioli y viaja a Venecia. Esta ciudad estaba amenzada por los turcos, y contrata a Leonardo como ingeniero militar. En pocas semanas proyectó una cantidad de artefactos cuya realización concreta no se haría sino, en muchos casos, hasta los siglos XIX o XX, desde una suerte de submarino individual, con un tubo de cuero para tomar aire destinado a unos soldados que, armados con taladro, atacarían las embarcaciones por debajo, hasta grandes piezas de artillería con proyectiles de acción retardada y barcos con doble pared para resistir las embestidas.

Los costes desorbitados, la falta de tiempo y, quizá, las excesivas (para los venecianos) pretensiones de Leonardo en el reparto del botín, hicieron que las geniales ideas no pasaran de bocetos. En abril de 1500 Da Vinci entró en Florencia, tras veinte años de ausencia.
Dominaba la ciudad César Borgia, un hombre déspota, ambicioso y temido, y se preparaba para conquistar más territorios. Leonardo nuevamente actúa como ingeniero militar. Poco tiempo después el condotiero cae en desgracia, los capitanes se sublevaron, envenenan a su padre, y el mismo se enferma. Vuelve a la ciudad en 1503, la cual estaba en guerra con Pisa, allí concibe su genial proyecto de desviar el río Arno por detrás de la ciudad enemiga cercándola, y la construcción de un canal como vía navegable para comunicar Florencia con el mar, lamentablemente el proyecto sólo quedó en los mapas de su autor.

La nobleza florentina ya había reconocido  a Leonardo como a uno de los mayores maestros de Italia, y en 1503 recibió el encargo de pintar un gran mural, doblando el tamaño de La última cena, para inmortalizar algunas escenas históricas de su gloria.
Apenas sobrevivió en copias una gran obra de este período Leda y el cisne. La cumbre de esta etapa florentina fue el retrato de La Mona Lisa, obra muy famosa desde su creación, la cual se convirtió en modelo de retrato, de la cual nadie escapó a su influjo. Esta obra ha inspirado infinidad de libros y leyendas, pero poco y nada se sabe de su vida, ni siquiera se conoce quien fue que encargó el cuadro. Leonardo la vendió en Francia al rey Fancisco I, La Gioconda es la obra más comentada, admirada e imitada de la historia del arte, y su misterio hasta nuestros días sigue fascinando.
Era cada vez más intenso el interés de Leonardo por los estudios científicos, asistía a disecciones de cadáveres, sobre los que confeccionaba dibujos, para entender la estructura y funcionamiento del cuerpo humano.

Tenía la convicción de que el hombre podría volar, de ahí sus observaciones en las aves. De sus apuntes que han quedado se han visto como claros precursores del moderno helicóptero.
Regresa a Milán en 1506 a pedido de Dàmboise, gobernador francés, que le ofrece el cargo de arquitecto y pintor de la corte, su estadía es interrumpida por un lapso muy corto en Florencia para colaborar con el escultor Giovanni Farancesco Rustici, en la ejecución de los bronces del baptisterio de la ciudad.

Leonardo, pintaba poco dedicándose a recopilar sus escritos y a profundizar sus estudios: con la idea de tener finalizado para 1510 su tratado de anatomía trabajaba junto a Marcantonio della Torre, el más célebre anatomista de su tiempo, en la descripción de órganos y el estudio de la fisiología humana. Leonardo se manifestaba en múltiples ramas: escribía sobre matemáticas, óptica, mecánica, geología, botánica; su búsqueda tendía hacia el encuentro de leyes funciones y armonías compatibles para todas estas disciplinas, para la naturaleza como unidad. Paralelamente, a sus antiguos discípulos se sumaron algunos nuevos, entre ellos el joven noble Francesco Melzi, fiel amigo del maestro hasta su muerte. Junto a Ambrogio de Predis, Leonardo culminó en 1508 la segunda versión de La Virgen de las Rocas; poco antes, había dejado sin cumplir un encargo del rey de Francia para pintar dos madonnas.

Durante el año 1513 la inestabilidad política lo hace abandonar Milán, marchó a Roma, donde vive en el belvedere de Giuliano de Médicis, hermano del nuevo papa LeónX.
Vive una etapa de tranquilidad en el Vaticano, con una remuneración digan y sin grandes obligaciones dibujó mapas, estudió antiguos monumentos romanos, proyectó una gran residencia para los Médicis en Florencia. Al morir Giuliano de Médicis, deja Italia definitivamente, y viaja a Francia. Allí pasará sus tres últimos años de su vida en el palacio de Cloux, como pintor, arquitecto y mecánico del rey. En esta última etapa de su vida pasa como miembro de la nobleza, más que como empleado de la casa real, esto se debía en parte al gran respeto que tenía Francisco I por él.

Alcanzó a completar el ambiguo San Juan Bautista, un andrógino duende que desborda gracia, sensualidad y misterio; de hecho, sus discípulos lo imitarían poco después convirtiéndolo en un pagano Baco, que hoy puede verse en el Louvre de París.
Su salud comienza a desmejorar a partir del año 1517, pero ha de morir en Cloux el 2 de mayo de 1519, y deja testamento a favor de Melzi, de todos sus libros, manuscritos y dibujos y éste los devuelve a Italia.


PAUL GAUGUIN

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Paul Gauguin, nació en París en 1848. Sus primeros años de vida vivió en Lima- Perú, porque su padre que era periodista tuvo que emigrar a ese país. Su madre era modista, y tuvo que ponerse a trabajar para sacar a su familia adelante, porque quedó viuda en 1854, año en que regresan a Francia, más precisamente a la ciudad de Orleans.A los 17 años se enrola en la marina. En el año 1872, regresa a Paris, donde se convierte en agente de Bolsa, en el cual le va muy bien y obtiene una buena remuneración, y son sus ingresos lo que lo llevan a coleccionar pinturas, y a empezar a pintar. Se casa con una danesa y tienen cinco hijos.

Su maestro fue Camilla Pisarro, con el cual entra en el grupo impresionista. Por el año 1882, comienza con problemas financieros, y es ahí cuando lo despiden. Se muda a Rouen, porque la vida es más económica. Pasa dos años viajando, de una ciudad a otra trabajando hasta de vendedor de toldos, hasta que en 1886 decide vivir en París nuevamente, se va con su hijo mayor y el resto de su familia queda en Dinamarca. Abandona el impresionismo para dedicarse, a una pintura más colorida, intensa, más personal, de un mayor simbolismo. Gauguin es el eterno viajante, (que ante todo busca encontrarse a si mismo.

Al refugiarse en mundos diferentes, encuentra la paz, que huye desde su infancia, primero va a Panamá y desde ahí conoce Martinica, donde se relaciona con su exotismo que caracterizará sus obras. Luego vuelve a Europa, y pasa un tiempo con Van Gogh en Arles, esa convivencia no fue muy buena, pero continuaron con su amistad. Su sueño es llegar a Tahití, el cual llega en el año 1891. Vive con una mestiza, lejos de la civilización. El primitivismo y su simbolismo marcan su pintura.

En 1893, nuevamente regresa a su ciudad natal,donde esperaba el reconocimiento a su talento y por ende su éxito económico, lo cual ocurre todo lo contrario. Vuelve a Oceanía, enfermo, alcohólico y solo, esto ocurre en el año 1895. Aquí hará sus obras más famosas. Comienza una importante campaña a favor de los indígenas, y tiene problemas con las autoridades de la isla. Abandona Tahití , y se traslada a Aduana, y convive con una chica indígena muy joven. Muere soñando regresar a Europa, esto ocurre el 8 de mayo de 1903.






Miguel Angel Buonarroti

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Miguel Angel Buonarroti, segundo de cinco hermanos, nació el 6 de marzo de 1475 en Caprese (Arezzo), donde su padre, Ludovico, era podestá por cuenta de Florencia. Precisamente a finales de aquel mismo mes, cumplido su mandato, Ludovico reintegró a su familia a Settignano (Florencia). En 1481 puso a su hijo a estudiar gramática con el humanista Galatea de Urbino. Poco después, el muchacho trabó conocimiento con el pintor Francesco Granacci, que le aventajaba en seis años, éste le animó a dibujar, en contra de su voluntad. Hasta 1488 no se resignó el padre a que Miguel Ángel se colocara en el taller de los pintores Domenico y Davide Ghirlandaio, uno de los mejores de Florencia: el primero de octubre suscribió un contrato de aprendizaje, según la costumbre, por una duración de tres años. En su vejez, cuando orientaba a A. Condivi, que escribía su biografía, el maestro había de negar aquellas enseñanzas; pero están comprobadas por el testimonio de varios historiadores de su tiempo, así como por el estilo de sus primeras obras. De todos modos, es cierto que debido a discrepancias con sus maestros abandonó a los Ghirlandaio antes del plazo establecido, en una época no precisa, pero comprendida entre 1489 y 1490.

Los primeros biógrafos de Miguel Angel (Vasari y Condivi) sostienen que casi inmediatamente empezó a frecuentar el jardín de la plaza de San Marcos, estudiando las esculturas antiguas reunidas por Lorenzo de Medicis, bajo la dirección de Bertoldo de Giovanni, que por consiguiente habría sido su verdadero maestro, al menos en el campo de la plástica. Esta noticia ha hallado crédito por parte de la mayoría de los especialistas, incluso recientes. Sin embargo la fugaz alusión en La Vida de Condivi además de varias ambigüedades y contradicciones por parte de Vasari, suscitan en algún crítico un legítimo escepticismo respecto al jardín mediceo como escuela, que muy improbablemente habría podido dirigir el entonces ya anciano Bertoldo. A ellos debe añadirse que últimamente habría podido dirigir el entonces ya anciano Bertoldo. A ellos debe añadirse que últimamente ha aventurado la hipótesis de que la formación de Miguel Ángel comino escultor se produjo en realidad en el círculo de Benedetto de Maiano. Como quiera que sea, resulta que el joven fue acogido como hijo adoptivo por Lorenzo de Médicis, entusiasta de su talento, y que en el palacio del mecenas tuvo ocasión de conocer a Poliziano, Pico de la Mirandola, Marsilio Ficino y otros humanistas. En el mismo palacio esculpió la Madonna de la escalera y la Centauromaquia. Al morir Lorenzo en 1492, su sucesor, Pedro de Médicis, mantuvo la hospitalidad al artista.

Poco antes de la entrada en Florencia de los invasores franceses de Carlos VIII (14 de octubre de 1494), Miguel Ángel huía a Venecia, de donde pasó a Bolonia, trabajando como escultor. Realizó otras pequeñas estatuas, actualmente dispersas, y por fin regresó a Florencia, en noviembre de 1495, vez primera, como huésped del cardenal Diario. Ya en noviembre del año siguiente había esculpido en Florencia el Baco y un Cupido (perdido) para el banquero I. Galli, cuando le fue encargada la Piedad para la basílica vaticana de San Pedro. La ejecución de este grupo tuvo efecto en Roma entre 1498 y 1499. En aquella época, según fuentes antiguas, Miguel Ángel habría dibujado “y tal vez coloreado” un San Francisco estigmatizado para San Pedro en Montorio, que con seguridad no puede identificarse con el fresco del mismo tema que todavía se encuentra allí.
En 1501, de nuevo en Florencia, iniciaba la Virgen marmórea de Brujas. El 5 de junio recibió el encargo de varias esculturas para Siena y el 16 de agosto el del célebre David, también en mármol. Al año siguiente, el gobierno florentino, le pedía un segundo David, éste en bronce, para el cardenal Rohan; escultura que fue ejecutada luego por otros. De 1503 es otro encargo importante: doce estatuas de Apósteles para la catedral de Florencia; sin embargo, Miguel Ángel apenas esbozaría uno de ellos, el San Mateo. Un año después, mientras estaba esculpiendo el Tondo Pitti y el Taddei, es probable que comenzase a pintar el Tondo Doni.

En agosto obtenía el encargo de otra obra de mucho compromiso: el fresco sobre la Batalla de Cáscina.
Los mismos escritores conviene, efectivamente, en que sus primeros pasos por el arte se tradujeron en copias de Giotto, Masaccio y otros artistas y en una reproducción pictórica de la tentación de San Antonio, grabada por M. Schongauer. Algunas hojas que se encuentran en el Louvre y en otros lugares, documentan aquellos ejercicios; una pequeña tabla recientemente vendida en Londres, podría documentar, por su parte, la réplica según Schongauer, ejecutada con exquisita frescura de colorido y toque Ghirlandaiesco; esto es justificable en un autodidacta estimulado por Grancci, que había sido discípulo de Domenico Ghirlandaio. Algunas referencias ulteriores a los comienzos de Miguel Ángel aluden a dos fragmentos de la Dormición de la Virgen y del Bautismo de Cristo respectivamente y que forman parte del ciclo de frescos de los propios Ghirlandaio en Santa María Novella de Florencia (1488-1489). Pero estas atribuciones no son aceptadas de modo unánime por la crítica, como tampoco la de otras pinturas que en todo caso derivan también de la erudición ghirlandaiesca. Por lo demás, no le es del todo extraño el Tondo Doni.

Está claro que la soberbia tabla de los Uffizi revela una calidad que los Ghirlandaio no llegaron nunca a rozar; además, trasciende la visión de éstos –aunque solo fuera por las referencias de Sgnorelli, en el mismo museo, y a las innovaciones de Leonardo –proyectándose hacia el mundo exclusivamente miguelangelesco de la Sextina: la viril belleza de la Virgen anticipa alguna de sus Sibilas. No obstante, la sustancia de los claroscuros, fría y nebulosa en las sobras, evoca el lenguaje de los Ghirlandaio: así como en general, la turgente naturalidad de las figuras enmarcadas en unos contornos vigorosos. Esta plasticidad ha inducido  a diversos exegetas a insistir en el hecho de que Buonarotti, al pintar, utiliza medios propios de la escultura.

Con una concepción tan grandiosa se relaciona en el tiempo la de la Batalla de Cáscina, de Miguel Ángel debía pintar al fresco en la Sala del Consejo e Palazzo Vecchio, como “pareja” de la Batalla de Anghiari encargada a Leonardo. Sabido es que ambas obras quedaron interrumpidas, tal vez al comienzo de su realización, cuando estaban ya listos los correspondientes cartones. Benvenuto Cellini los denominó “escuela del mundo”, ya que sirvieron como ejemplo a innumerables artistas mientras se conservaron, lo cual no ocurrió después d e1550Hoy solo conocemos ambas obras a través de copias parciales, de manera que no es posible un examen exhaustivo.En 1504 el David de mármol fue colocado en la plaza de la Signoría. Unos mese después el papa Julio II invitaba a Miguel Ángel a Roma para confiarle la escultura de su propia tumba. El proyecto fue aprobado rápidamente y el artista se trasladó a Carrara, para la elección de los mármoles. En 1506 se encontraba de nuevo en Roma, dispuesto a concretar el trabajo. Pero no consiguió audiencia del pontífice, por lo que regresó enojado a Florencia. Había comenzado “la tragedia de la sepultura” como él mismo la llamaría, que tanto iba a angustiarle, de las tantas esculturas que había previsto, solo podría realizar una : El Moisés.En 1508, Miguel Ángel se comprometía en Roma par decorar la Capilla Sixtina del Vaticano, en cuyas paredes habían pintado al fresco una compleja ornamentación artistas umbros y toscanos.El maestro puso inmediatamente manos a la obra, realizando los dibujos preparatorios para el inmenso conjunto al fresco. En otoño de aquel mismo año llegaron los ayudantes que había llamado de Florencia; su viejo amigo Granacci, Gugiardini, Aistotile de Sangallo y otros prácticamente desconocidos.. Miguel Ángel los despidió casi seguidamente y se dispuso a continuar solo.

Pero los exámenes técnicos y estilísticos han permitido determinar recientemente que en realidad los colaboradores participaron en la obra quizás hasta enero de 1511, si bien limitando su trabajo a zonas secundarias como los amorcillos-cariátide, los medallones, etc. Ya que su anterior intervención en el Diluvio no había sido feliz. Por supuesto, ello nada sustrae a la absoluta paternidad artística del maestro.
La pintura de de la Capilla Sextina se inició en 1508/9: primero con dificultades de orden técnico, siguiendo así hasta 1510, fecha en que se descubrió la mitad aproximadamente del techo. Entre 1511 y octubre de 1512 pintó la superficie restante. La crítica moderna al estudiar la bóveda de la Capilla Sextina ha insistido mucho en la investigación de fuentes temáticas y significados esotéricos.Estos, parece que se pintasen las fases salientes de la aventura espiritual de la humanidad o bien una intricadísima figuración del árbol de Jesé. En los contenidos estilísticos se encuentran ya señaladas por Vasari la absoluta novedad estructural del fresco, la persuasión inédita con que están expresadas las figuras, la ciencia de la perspectiva, la intensidad del dibujo y la ágil prestancia del resultado pictórico. Al mismo tiempo se logró precisar que la “perfección de los escorzos” pertenece a una rigurosa e incesante concatenación entre los diversos elementos figurativos, como en el Tondo Doni, pero ejecutada con profundidad aún más sabia.De ahí la dramática agudización de la tensión total y la conciencia en el contemplador de hallarse sumido en una gigantesca y casi peligrosa actuación de esfuerzos sobrehumanos. Este es el significado probable de la “terribilidad” de Miguel Ángel e su primera manifestación pictórica completa. A la edad de 89 años, muere en Roma, el 18 de febrero de 1564.


FRIDA KAHLO

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DATOS DE SU VIDA, DOLOR Y PASION

1907 Magdalena Carmen Frieda Kahlo Calderón nace el 6 de junio en Coyoacán, un pueblo de la periferia de Ciudad de México. Es la tercera hija de la mexicana Matilde Calderón de Kahlo y el alemán Wilhelm Kahlo

1913 Enferma de poliomielitis y, como secuela, el pie derecho le queda ligeramente deformado. Va a la escuela primaria Colegio Alemán de México.

1922 Ingresa en la Escuela Nacional Preparatoria para prepararse para la carrera de Medicina. De los 2000 alumnos de la Escuela, sólo 35 son mujeres. Frida observa a Diego Rivera llena de admiración mientras éste pinta el mural La Creación.

1925 El 17 de setiembre sufre un grave accidente de tráfico al chocar un tren con el autobús que la llevaba, junto a su amigo Alejandro Gómez Arias, de la escuela a casa. Pasa un mes en el hospital de la Cruz Roja, donde inicia su afición a la pintura. Anteriormente ya había tomado algunas clases de dibujo con el grafista publicitario Fernando Fernández, cuyo estudio se hallaba muy cerca de la escuela de Kahlo.

1928 Se hace miembro del Partido Comunista de México (PCM), donde se encuentra de nuevo con Rivera. Se enamoran. El pintor la retrata en el fresco balada de la Revolución, que pinta en el Ministerio de Cultura, con una blusa roja y estrella en el pecho, repartiendo armas para la lucha revolucionaria.

1929 El 21 de agosto contraen matrimonio Frida Kahlo y Diego Rivera. La pareja se instala al principio en un piso del centro en Ciudad de México, y a continuación, se traslada a Cuernavaca, donde Rivera realiza un encargo. Kahlo abandona el Partido Comunista cuando Rivera es expulsado.

1930 A principios del año, sufre su primer aborto provocado, a causa de la “desfavorable presentación de la extremidad pélvica”. Rivera obtiene encargos en los Estados Unidos, y la pareja s traslada en noviembre a San Francisco.

1931 Frida Kahlo conoce al médico Dr. Eloesser, en quien deposita toda su confianza. El Dr. Eloesser será el consejero médico de la artista hasta su muerte. Aumentan los dolores y la deformación de la pierna derecha. La pareja regresa a México en julio por poco tiempo.


1932 El matrimonio se traslada en abril a Detroit, donde Rivera ha de realizar un nuevo trabajo. Después de tres meses y medio de embarazo, el 4 de julio sufre su segundo aborto, en el Henry Ford Hospital. El 15 de setiembre muere su madre en una operación de vsícula biliar.

1933 La pareja se traslada en marzo a Nueva York, donde Rivera pinta un mural en el Rockefeller Center. A finales de año regresan a México y compran una nueva casa en el lugar suburbano San Angel.

1934 A causa de infantilismo de los ovarios, debe interrumpir un nuevo embarazo de tres meses. Es operada por vez primera en el pie derecho, del que le son amputados varios dedos. Surge una historia amorosa entres su hermana Cristina y Diego Rivera.

1935 Frida Kahlo abandona la casa de San Angel y se instala por varios meses en un piso propio. Conoce al escultor americano Isamu Noguchi, con quien vive una aventura amorosa, Con algunas amigas viaja a Nueva York.

1936 De vuelta en la casa de San Angel, es operada por tercera vez en el pie derecho. Se enrola en un comité de solidaridad con los republicanos españoles.

1937 León Trostki y Natalia Sedova llegan el 9 de enero a México, y Frida Kahlo pone la Casa Azul de Coyoacán a su disposición.

1938 André Breton y Jacqueline Lamba vienen en abril a México para encontrarse con Trotski. Viven en casa de Guadalupe Marín, la anterior mujer de Diego Rivera y conocen a la pareja Kahlo Rivera. En octubre/noviembre tiene lugar, con gran éxito, la primera exposición individual de la artista en la galería de Julien Levy, en Nueva York. Inicia una relación amorosa con el fotógrafo Nicolás Muray.

1939 Viaja a París, donde expone, en marzo, sus trabajos en la galería Renou & Colle. Conoce a los pintores surrealistas. A su vuelta a México se instala en la casa paterna de Coyoacán. A finales de año se divorcian Frida y Diego Rivera.

1940 En setiembre viaja a San Francisco para ponerse en manos del Dr Eloesser. Allí se vuelve a casar con Diego Rivera el 8 de diciembre.

1941 El 14 de abril muere Guillermo Kahlo de un ataque cardíaco. A partir de entonces, la pareja Kahlo-Rivera vivirá en Coyoacán, en la Casa Azul, y Diego Rievera continúa usando la casa de San Angel como estudio.

1942 Frida Kahlo comienza a escribir su diario. Es elegida miembro del Seminario de Cultura Mexicana.

1943 Obtiene un puesto docente en la Escuela de Arte La Esmeralda. Su mal estado de salud la obliga, ya a los pocos meses, a dar las clases en su casa de Coyoacán.

1946 Con su cuadro Moisés obtiene el premio nacional de pintura, otorgado por el Ministerio de Cultura, Es operada en la columna vertebral en Nueva York.

1948 Se adhiere de nuevo al Partido Comunista de México (PCM)

1950 Es operada siete veces de la columna vertebral y pasa nueve meses en el hospital.

1951 Tras darse de baja en el hospital, se ve obligada a desplazarse en silla de ruedas. A partir de ahora tendrá que tomar continuamente anabólicos.

1952 Participa en la recogida de firmas en apoyo del Movimiento Pacifista. Diego Rivera la pinta en esta tarea en su mural. La pesadilla de la guerra y el sueño de la paz.

1953 Lola Alvarez Bravo organiza en su galería la primera exposición individual de la obra de Frida Kahlo en México. La artista asiste a la inauguración en cama. Su pierna derecha es amputada hasta la rodilla.

1954 Enferma de una infección pulmonar y aún durante la reconvalecencia, participa, contra el consejo de sus médicos, en una manifestación contra la intervención norteamericana en Guatemala. Muere el 13 de julio en la Casa Azul.

1958 Es inaugurado el Museo Frida Kahlo y entregado al pueblo mexicano, según el deseo de Diego Rivera (muerto en 1957).


EMILIO PETTORUTI

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Uno de los pintores más destacados de la escena artística argentina de principios y mediados del siglo XX.
Nació en La Plata el 1º de octubre de 1892.
Luego de realizar algunas muestras en su ciudad natal, se embarca en el año 1913 rumbo a Italia.

Llega a Venecia con sus veinte años recién cumplidos; allí rápidamente toma contacto con la vanguardia artística italiana, los jóvenes artistas y el ya famoso Marinetti, autor cuatro años antes del célebre ” Manifiesto del Futurismo “.

Durante su estancia en Milán, descubre un movimiento artístico que lo deslumbra y se suma a sus filas, los futuristas, con quienes realiza varias exposiciones. En París, traba amistad con Juan Gris y otros artistas de su generación. De regreso a su país en 1924, realiza una exposición en la tradicional Galería Witcomb en Bs. As., causando una verdadera conmoción entre  la crítica y en el público.

La obra presentada en aquella oportunidad contenía toda la sabiduría del renacimiento italiano junto a un lenguaje de vanguardia que abrevaba en el nuevo concepto cubista y futurista imperante.Con el correr de los años, Pettoruti se esfuerza por hacer conocer el arte de vanguardia a través de conferencias, revistas, diarios y frecuentes exposiciones.A fines de 1927 es nombrado Director del Museo Provincial de Bellas Artes de la ciudad que lo vio nacer.

En 1940 Amigos del Arte de Buenos Aires organizan la primer muestra retrospectiva de Pettoruti, muchas de las obras antaño criticadas cruelmente son ahora admiradas por el público y la crítica.

Durante 1944 pasa ocho meses recorriendo museos y universidades de los Estados Unidos invitado por el Comitee for Interamerican Artistic and Intellectual Relations Expone en el San Francisco Museum of Art y otros museos de los Estados Unidos.

Regresa en 1952 a Europa, luego de haber expuesto en 1950 en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile. Expone en Milán y en Florencia luego de casi treinta años de ausencia.

Continúa exponiendo en años sucesivos; en 1953 en Roma, en 1954 en París, junto con Latour, Masson y Miró.En 1964 comienza a escribir sus memorias que publicará en 1966 con el título ” Un pintor ante el espejo”.

El 16 de octubre de 1971, muere en París.



Pedro Figari

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Nace en Montevideo el 29 de julio de 1861. Su inclinación artística se manifiesta tempranamente combinándose con múltiples actividades. Es abogado desde 1886, nombrado Defensor de Pobres en lo Civil y Criminal, periodista y codirector de un periódico, impulsor de la creación de la Escuela de Bellas Artes, diputado, miembro del Consejo de Estado, elegido presidente del Ateneo de Montevideo, director de la Escuela Nacional de Artes y Oficios, miembro honorario de la Sociedad de Artistas Uruguayos, Asesor Letrado de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay. Entre estas múltiples actividades se destaca su creación de ensayos filosóficos, crítica artística y poesía. Participa en numerosas tertulias junto a artistas como Sáez y Blanes Viale.

En 1921 y por cuatro años consecutivos, se radica en Buenos Aires dedicándose plenamente a la tarea pictórica y recibiendo del medio una crítica elogiosa. En 1925 se traslada a París donde permanece nueve años y obtiene la consagración como artista plástico. Desde allí proyecta y organiza exposiciones en Europa y América. Regresa al Uruguay en 1933 y es nombrado Asesor Artístico del Ministerio de Instrucción Pública.

Pedro Figari es un pintor de manchas y no de líneas. Pinta el pasado sin documentarse, lo hace de memoria; con una memoria afectiva. Puebla sus espacios inconmensurables con gauchos, negros y criollos como metáforas de un presunto ser nacional.  Aislada está su obra como la de ningún otro artista nacional precisamente porque fue convencidamente uruguayo, por haber desarrollado su alto intelecto en exploraciones de una cultura rioplatense, un caso de rara cultura por el esencial dominio de los ingredientes más propios y la sabiduría que emana de su expresión que corre como linfa sin esfuerzos.

La vida de este pintor como la de todo creador genuino, tiene sus características singularísimas. Entre las de Figari se destaca su radical cambio de ubicación social y oficial, que constituye una excepción en la existencia de sus notorios compatriotas.
Califica Ortega y Gasset al intelectual de hombre “preocupado”, para el pensador español el político es el hombre “ocupado”.
Figari desempeñó las dos actividades, pero puede decirse, si nos atenemos a la más objetiva apreciacion de su quehacer, que ha invertido los períodos tal como la lógica establece y la vida ciudadana los suele ordenar.

Harto frecuente es el hombre inquieto de ideales o simplemente de nombradía, en busca de vocación, comience por escarcear en las letras o en labores artísticas para luego abandonarlas por la prédica partidaria del político. La verdad es que el hombre opina con más facilidad cuando se encuentra requerido y movido por las eventualidades de los sucesos públicos; más difícil y de mayor esfuerzo mental es la labor del artista sumido siempre en la investigación de nuevas formas, únicamente incitado por sí mismo. Figari describió la trayectoria opuesta.

Hombre evidentemente social, gozó en su juventud de la simpatía de los triunfos. Primero fue profesional universitario, sobresaliente en el derecho penal como defensor de inculpados en causas célebres de su tiempo; letrado del Banco República; funcionario en el alto cargo de Inspector de Escuela de Artes y Oficios del país, donde por sus directivas quiso ensayar el estudio del desarrollo decorativo de los elementos de la fauna y flora nativas; político que ocupara la banca de representante nacional. Toda esa actividad social que cumplió tan destacadamente, llegando hasta abarcar la diplomacia, fue vivida por Pedro Figari con un parejo interés por las actividades intelectuales del puro y gratuito ejercicio.

Fue ensayista de la belleza en su libro Arte, Estética, Ideal publicado en 1912, testimonio de la inquietud de sus problemas creativos mas generales. Autor de razonamientos sobre belleza o manifestándose sensiblemente como los poemas “El arquitecto” (1930), su pensamiento fijado en palabras forma una notable unidad con su plástica, ya que sus libros pueden ser leídos en su pintura. Los escenarios de largos horizontes en los que los seres se integran en el paisaje señalan el credo panteísta como el mensaje último de un artista filósofo.

Comprendiendo como pocos en que grado las artes representan la sabiduría del pensamiento humano, supo compendiar todas sus ideas fragmentadas en actividades múltiples en la unidad visual del cuadro pintado. En su ecuación personal, la pintura iguala la suma de numerosas experiencias en el trabajo constante y variado de persona culta. Confiarse así como lo cumplió, con entrega total a las artes, tan llenas de incertidumbre, tan difíciles para los juicios definitivos, tan proclives al descontento íntimo de quienes las ejercen; darse enteramente a soltar sus preocupaciones después de haber realizado un acto heroico.

Porque este inteligente personaje que conformaba muchos adeptos a su derredor sabía que por ese tránsito se ubicaba en cierto modo frente a esa sociedad en el lugar incómodo del inconformista. Al iniciar decididamente su entrega a la pintura, la conciencia debió serle clara sobre el destino futuro, pues no podía ignorar su inmersión voluntaria en el descrédito ante los círculos y mundo oficial en que actuaba, el abandono total de los halagos fugaces y de la suspensión en su país por un largo lapso de su condición popular de prohombre, todo lo cual sucedió.
Por otra parte, hasta el momento de su decisión hacia la pintura, los círculos artísticos a los cuales iría a integrar no le estimaban más que como aficionado, como persona destacada, brillante que amaba la pintura.

En consecuencia, era un aficionado, un “amateur” distinguido. En general el artista plástico profesional es condescendiente con el hombre ilustrado; mas aún con el universitario que le muestra sus obras. Tiene para él palabras de estímulo, le concede fácil halago y ha de reparar en menos defectos que el crítico, pero siempre y cuando no pretenda salir de esa categoría del pintar como entretenimiento.
En una correspondencia del año 1919 enviada al pintor José Cúneo para felicitarlo por unos recientes cuadros expuestos, Figari se coloca en una situación de “diletante”.

Comprensivo admirador de otros pintores, declarándose en categoría neófita no reciben sus pinturas combativas negaciones, como tampoco se divulgan sus méritos. El estigma del aficionado le acompañó en la consideración ajena mas de lo debido; su título universitario molestaba la estimación profesional de su pintura. Se llamó repetidamente ingenuo a el! el mas docto y culto de la pintura rioplatense, el artista que trabajo sobre una organizada visión intelectual -por comprensiva- de su medio, a la vez que altamente artística.

Cuando Figari estructuró toda la creación de su arte tras larga meditación y paciente recato, fue a Buenos Aires a producir. Allí vivió cuatro años pintando sin reposo. Del ejercicio salió su incomparable estilo, porque en la pintura también la mano piensa. Figari desde Montevideo parte con su vocación ya marcada y al instalarse primero en Buenos Aires (1921-1925) y luego en Paris (1925-1933) mas que buscar el sustento de ideas procura aspirar al aire inteligente de la comprensión. Creación y producción. Figari separó perfectamente estos dos tiempos de la obra de los artistas, que establecen distinciones definitivas y que en el presente tienen a confundir por el apresurado deseo de uniformidad de expresiones, considerada como conquista del artista moderno. Todo horizonte que presenta un pintor señero es recorrido inmediatamente por multitud de colegas de todos los países sin conciencia de temores.

Es verdad que el tiempo universal del arte moderno permite que hoy se mire a esos soles de frente no bien amanecen, como es cierto que en otros momentos anteriores se contentaban los pintores colectivistas con dibujar las espaldas de los astros en declinación. En una rápida actitud para la liberación de dudas y eliminación de las angustias y tedio de las esperas por las nuevas expresiones del devenir, se consume con apresuramiento en una hora de entusiasmo lo que debería ser producto de más larga convicción. Apenas capacitados para la identidad en la apariencia creativa – desde luego inédita, brusca, llamativa, poderosamente diferenciada como ocurre con los cambios evolutivos en las artes actuales – con urgencia que sobrepasa todos los asombros, el artista produce. Su adhesión es tan total que es imposible detenerlo en sus ansias.

El igualismo expositor que hoy vemos en las exhibiciones personales y aún colectivas, estuvo en épocas transcurridas en el producir del pintor mercader sin sabia ni ingenio y es hoy algo curioso, y a nuestra manera de ver bastante lamentable que se constituye en práctica de artistas inquietos, algunos ciertamente valiosos.
Conciente de sus posibilidades formativas de expresión, le será así permitido al artista una producción sin límites que participara toda ella de la comunicación auténtica, sin caer en la repetición o plagio de sí mismo. Si la creación requiere una concentración y aislamiento del artista, la producción se condiciona y facilita por una incitación externa o, mejor aún, por la toma de conciencia de que existe un interés de verdadera comprensión por lo que expresa.

Figari en tren de divulgarse, de apoyar el factor extensivo de su mensaje, de ejecutar las necesarias aplicaciones de sus descubrimientos, de abrir la riqueza de sus variantes, se dirige a Buenos Aires y allí se instala.
Va en búsqueda de un ámbito propicio que le permita producir, sin rebajar la condición de libertad en el arte. Es difícil que una expresión inédita como la suya, especialmente si es cosmópolis importante, ciudad acústica, se sabrá comprobar sus resultados expresivos como autónomos y también advertir la verdad de la forma nueva, sin que le perjudique el achaque de extravagancia con que puede juzgarlo la opinión de su comarca. Querer encontrar en ese mismo ámbito un apoyo para seguir expresándose, pronto hubiera sido caer en un conformismo y resignación de sus mas bellas condiciones de creador…


David Siqueiros

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Nació en ciudad Camargo (1896), Chihuahua, y siguió estudios en la Academia de San Carlos, donde participó en la huelga estudiantil de 1911.
Participó en la Revolución y viajó a Europa donde tomó contactos con los movimientos de vanguardia y en Barcelona, en 1921, publicó los “Tres llamamientos de orientación actual a los pintores y escultores de la nueva generación americana” para la creación de un arte heroico y público a partir de los movimientos europeos modernos, fincándose en la tradición precolombina y vernácula.

Siqueiros, un personaje de carácter indómito y violento; así como de una personalidad rebelde realizó aportaciones novedosas a la cultura, principalmente a través de la pintura.
Su personalidad rebelde lo lleva a representar el inicio del sindicalismo en México, encabezando varios movimientos en el país; fue secretario general de la Federación Minera y de la Federación Obrera de Jalisco.

David Alfaro se inscribió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos y formó parte de la escuela al aire libre de Santa Anita; colaboró en la revista “Vanguardia”, órgano periodístico del ejército constitucionalista.
Alcanzó el grado de capitán segundo del ejército constitucionalista, lo que le permitió organizar el congreso de artistas soldados. Posteriormente viajaría a Europa en misión informativa, artística y diplomática; durante este periodo es cuando pinta su primer mural Los Elementos.

Su vida política fue intensa y corrió paralela a su producción pictórica orientada básicamente al muralismo, para el cual desarrolló sus teorías a propósito del espectador en movimiento, el dinamismo óptimo de los planos y espacios, así como otros aspectos novedosos aún no bien estudiados.
Fue el muralista más activo, en cuanto a la política se refiere. Siqueiros fue encarcelado unas siete veces y otras tantas exiliado, a causa de sus creencias Marxista-Stalinistas. Estuvo activo en las revoluciones contra Huerta, peleó del lado republicano en la Guerra Civil Española.

Participó en la Bienal de Venecia, y en actos políticos que le valieron nuevamente la cárcel, en 1962, aunque quedó libre dos años después. Fue nombrado presidente de la Academia Mexicana de las Artes, en 1967.
Al tener nexos con otras organizaciones de artistas, viajó a la Unión Soviética, Europa, Argentina, Estados Unidos (donde tuvo entre sus estudiantes en NuevaYork a Jackson Pollock), Chile (como exiliado) y Cuba.

Dado su extenso trabajo político, fue admirable su gran rendimiento artístico. Los elementos que más lo caracterizaron en sus mejores trabajos, son las perspectivas exageradamente dramáticas, las figuras robustas, el uso audaz de color y frecuente surrealismo, ejemplificados en Muerte del Invasor (Escuela Normal de Chillán, Chile) De la Dictadura de Porfirio Díaz a la Revolución (Museo Nacional de Historia, Ciudad de México) y La Marcha de la Humanidad (Palacio de Congresos, Ciudad de México).

La creación artística dada a una ideología política inspirada en los fundamentos del realismo socialista utilizada por David Alfaro Siquieros fue lo que más atrajo al equipo para llevar a cabo la investigación.
Su fallecimiento es en al año 1974 en Cuernavaca.


Diego Rivera

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El arte de Diego Rivera constituyó uno de los pilares sobre los que habría de asentarse uno de los más pujantes movimientos de la pintura americana: el muralismo mexicano. Su arte depende en gran manera de un vocabulario surgido de una mezcla de Gauguin y la escultura azteca y maya. Realizó una obra vastísima como muralista, dibujante, ilustrador y escritor, desarrollando al mismo tiempo actividad política. Diego Rivera, en formas simplificadas y con vivo colorido, rescató bellamente el pasado precolombino, al igual que los momentos más significativos de la historia mexicana: la tierra, el campesino y el obrero; las costumbres, y el carácter popular.

La aportación de la obra de Diego Rivera al arte mexicano moderno fue decisiva en murales y obras de caballete; fue un pintor revolucionario que buscaba llevar el arte al gran público, a la calle y a los edificios, manejando un lenguaje preciso y directo con un estilo realista, pleno de contenido social. Paralelamente a su esfuerzo creador, Diego Rivera desplegó actividad docente en su país, y reunió una magnífica colección de arte popular mexicano.

Diego Rivera (1886-1957) fue uno de los pintores mexicanos más importantes y un gran artista del siglo XX. Nacido en 1886, en Guanajuato, Rivera estudió estilos artísticos tradicionales europeos en la Academia de San Carlos en el Distrito Federal. Rivera combinó esta formación clásica con la influencia del artista popular José Guadalupe Posada, emergiendo a la edad de dieciséis años como un pintor talentoso con un estilo mexicano bien definido.

En 1907, Rivera viajó a España para estudiar las obras de Goya, El Greco y Brueghel en el museo de El Prado de Madrid. Después, se mudó a París y quedó fascinado con el movimiento cubista de vanguardia que había fundado Pablo Picasso. Sin embargo, después de cuatro años dedicado al cubismo, Rivera comenzó a cuestionar este movimiento.

La oportunidad de poner en práctica sus nuevas ideas vino en 1921, con la inauguración de un programa cultural instituido para llevar el arte a las masas. El gobierno mexicano comisionó a José Clemente Orozco, a David Alfaro Siqueiros y a Rivera para pintar una serie de ciclos de frescos para edificios públicos, instigando lo que vino a llamarse el Renacimiento Muralista Mexicano.

Estos grandes artistas pintaron sobre las paredes de edificios públicos en todo el país. Sus obras crearon una nueva iconografía que representaba complejos temas sociales y nacionales, motivos religiosos y una perspectiva global pre-hispánica.

Cuando la represión política se intensificó en México a finales de la década de 1920, a Rivera lo persuadieron venir a pintar en los Estados Unidos. Durante sus primeros dos encargos en San Francisco, en 1930 y 1931, Rivera y su esposa, la artista Frida Kahlo, encontraron una acogida cálida.

Rivera, por consiguiente, se sintió muy complacido de regresar a San Francisco en 1940 para crear el mural de la Unidad Panamericana para su exhibición en la Exposición Internacional de Golden Gate. Esta obra representó la culminación de cientos de murales pintados para el público y también demostró su relación cariñosa con San Francisco.

Además de ser un artista célebre y controversial, Diego Rivera fue un activista político provocativo que incitaba al debate no sólo en México, sino también en los Estados Unidos y en la Unión Soviética. Desde su muerte en 1957, sus centenares de obras de arte público, sus numerosos óleos y acuarelas, y su audacia política han seguido contribuyendo en forma inestimable al desarrollo del arte público en las Américas.

Desde finales de la década de 1930 se dedicó a la pintura paisajística y de retratos. Desarrolló en sus últimas pinturas un estilo indigenista y social de gran atractivo popular. Su más ambicioso y gigantesco proyecto, un mural épico sobre la historia de México para el Palacio Nacional, quedó inconcluso a su muerte, acaecida en la Ciudad de México el 25 de noviembre de 1957.

“Rivera creía que el arte debía contribuir al proceso de habilitar a las clases trabajadoras para entender sus propias historias.”


Arte Latinoamericano

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Durante varias décadas se discutió acerca de la existencia de un arte propio de Latinoamérica, con una identidad concreta, como la que se atribuye al “arte europeo” o al “arte americano” (referido a los EEUU).
Latinoamérica no se define por una sola imagen. Desde México a la Argentina, durante las primeras décadas del siglo XX, cuando ya existía una situación histórica que nos desvinculaba políticamente del continente europeo, también nos encontramos frente a un hito que marcaría el desarrollo de una de las vanguardias más importantes de América Latina: la revolución mexicana.

Durante la década del 20 aparecen dos grandes corrientes. En México, nacen los “muralistas”, cuyos mayores exponentes son José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Siqueiros y en el Río de la Plata, tres artistas exponen (entre 1924 y 1925) sus obras con críticas encontradas: Pedro Figari, Emilio Pettoruti y Xul Solar.
En el transcurso de las décadas del 20, 30 y 40 madura en América Latina una extraordinaria gama de artistas y movimientos que la ubica entre las vanguardias del mundo. Incluso la influencia de algunos latinoamericanos se hace sentir en el arte de vanguardia europeo y americano.

No se puede dudar entonces de la existencia de un lenguaje propio, de una imagen particular. Sin embargo, es necesario tener presente que ésta no es única ya que, si se toma como ejemplo a los artistas que significaron hitos en la historia del arte, se confirma su disparidad de propuestas estéticas.
Así, el uruguayo Pedro Figari con su “Lamento” (sin fecha) apela a un recurso técnico, el de sus trabajos al óleo sobre cartón, para devolvernos con generosidad los recuerdos de una tierra que combina lo colonial con el paisaje y sus personajes pintorescos.

El argentino Emilio Pettoruti -en las antípodas de lo pintoresco o lo folklórico- con su obra “Mi arlequín” (1927) define, después de sus años de formación europea, lo que sería su lenguaje particular donde el cubismo y el futurismo conforman los rasgos más notables.
Wilfredo Lam, el artista cubano que desarrollaría una carrera importante también en Europa, marca desde el surrealismo un acontecimiento importante. Sus protagonistas siempre están vinculados a los mitos e historias caribeñas, donde el encuentro de la cultura europea y la africana brindó a este artista su principal fuente de inspiración.

Rufino Tamayo, el mexicano que no pertenece al grupo de los muralistas, se destacó por sus exquisitos óleos, cuyos temas simples cautivaron siempre a los amantes de la buena pintura. Su obra más representativa es del año 1951 y se titula “Melones”.
Por último, bastan dos obras del brasileño Cándido Portinari -”Os retirantes” (1954) y “El gran árbol” (1959)- para confirmar los cambios que muchas veces nuestros artistas evidenciaron en sus trayectorias.

El arte latinoamericano tiene su historia, su desarrollo y sus protagonistas. Abordar su estudio es apasionante, ya que el recorrido país por país enriquece la visión y la comprensión de un continente fértil en expresiones culturales. Su riqueza no sólo pasa por una cantidad de buenas obras, sino por el descubrimiento de un universo complejo donde se unen los aportes de diferentes culturas: la aborigen, la europea y la africana.


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